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Publicado 3 febrero 2012

Si fuiste joven o niño hace 30 años, seguro soñaste con él

Nos ponemos de pie para celebrar esta semana el homenaje a un auto con historia y mucha. Vino desde Japón y corroboró que un diseño emocional es clave. Pero la saga tuvo mucho más que eso. Por Marco Campos

Año 1981, 07:45 de cada mañana, bus escolar camino al colegio. Tenía nueve años y la entretención para los diez niños que íbamos arriba del mencionado bus era ser el primero en divisar el Toyota Celica 1981 Liftback amarillo que siempre estaba estacionado en la Shell de Avenida Membrillar (Rancagua). Todos alucinábamos con el diseño y el color del insigne japonés y ser el primero en verlo era apoderarse de cierta manera de su atractivo.

Por esos años era poco común ver modelos de raza deportiva pura y éste, en particular, era realmente atractivo. Verlo era un placer y con nueve años sólo quedaba conformarse con verlo pasar y escucharlo. Bueno, para algunos un placer, para otros una experiencia “celestial” (traducción básica del concepto “Coelica” que da origen al nombre del modelo).

Como en gustos no hay nada escrito, a algunos amigos les gustaba más el modelo anterior. Unos años después apareció la nueva generación que también generó muchos nuevos adeptos. Entonces no seamos egoístas, comentemos la serie y usted elige su preferido.

El Toyota Celica apareció, como primera generación, en 1970 en el Tokyo Motor Show. En su concepción implicaba ser una alternativa alcanzable para un público que añoraba un deportivo pero que no disponía de los recursos para ello. En versiones sedán y coupé, fue esta última la que remeció y abrió más los ojos. Disponía de un motor de 1600 cc. que en su versión GT contaba con dos carburadores. Hacia mediados de los setenta se dispuso de una versión GT de 2.0 litros y también con carrocería Liftback, la cual se empezó a exportar en 1976 al mercado europeo y americano.

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